Propósitos de año nuevo

Propósitos de año nuevo ¿por qué fallamos y cómo cumplirlos?

Por SM Psicólogos

Nos adentramos en el año 2022, y como cada Año Nuevo empezamos a plantearnos propósitos para intentar cumplir durante los próximos 365 días. Desgraciadamente, todos hemos fracasado más de una vez con los nuestros, quizá la mayoría de veces. El siguiente post explora por qué fracasamos y cómo podríamos cumplir con nuestros propósitos de año nuevo.    

Errores que cometemos: 

Hay errores comunes a la hora de imponernos propósitos que hacen que estos sean más difíciles de cumplirse o perdamos la motivación por hacerlos:

El principal es solo centrarnos en los beneficios o metas a largo plazo (tener un cuerpo hercúleo, hablar inglés como Tom Hiddleston), objetivos demasiado lejanos en el tiempo. Cuanto mayor sea la demora de la recompensa (reforzador), más difícil se nos hace continuar con nuestro propósito debido a que no encontramos gratificaciones inmediatas por el camino, lo que puede hacer que la tarea se vuelva tediosa o para nada placentera en sí misma, lo que impulsa la probabilidad de dejarla por el camino en muy poco tiempo; perdemos la ilusión por continuar con ellos. 

Error común es que mi propósito no dependa de mí, si no diferencio en el propósito cosas que dependen de mí de las que no, probablemente pierda el tiempo y me frustre. Si mi objetivo es conseguir pareja, esto depende de que otra persona quiera estar conmigo, es mejor orientar el propósito hacia cosas que te ayuden a conseguir pareja pero que sí dependan de ti: ir a eventos sociales a conocer gente, cuidar la imagen personal, ser agradable con la gente que te interesa… 

Hacerme muchos propósitos por simplemente tenerlos es receta para el fracaso. cuanto más cosas me proponga más fácil es que las pierda de vista o no pueda cumplir con tanto. A su vez proponerse cosas por tener propósitos y no por que te convenzan las cosas que te propones te va a llevar a abandonarlos para mediados de enero.   

Otro de los errores que cometemos es no valorar lo que tenemos que dejar de lado. Por ejemplo, si quiero adelgazar tendré que dejar de comer bollos todos los días, si quiero aprender inglés y la academias son los sábados por la mañana, tendré que pensar que ya no podré salir de cañas todos los viernes con mis amigos. Si no somos conscientes de estas consecuencias, no seremos conscientes del proceso y hará que nos desmotivemos más al toparnos con estas dificultades por sorpresa.

¿Cómo cumplir con nuestros propósitos? 

Al establecer propósitos es fácil pasar directamente a qué cosas concretas queremos o tenemos que hacer (cómo hacer diferentes ejercicios, dónde ir a una academía de inglés…), pero pocas veces nos ponemos un por qué. Teniendo un porqué claro y que consideremos valioso, favorecemos nuestro compromiso con los propósitos y nos encontraremos más “motivados” a la hora de cumplirlos. 

Se ha observado que en diferentes estudios de fumadores y de campañas de conciencia de tráfico es significativamente más beneficioso establecer un porqué delimitado, unas razones que justifiquen el propósito que se va a llevar a cabo: ¿por qué quiero dejar de fumar? – beneficios que voy a obtener, por qué es importante, ¿qué voy a ganar y ahora mismo cuál es la razón de tener que hacerlo? Por ejemplo: “en este último año he visto que no he podido subir las escaleras a causa del consumo de nicotina, quiero poder subirlas perfectamente para finales del año que viene”. Si voy a realizar una tarea costosa, tener claro por qué es bueno que lo haga me ayudará a realizarla, no estoy dejando de fumar simplemente porque me lo dice el médico, quiero gozar de una buena salud y poder ver crecer a mis hijos, por ejemplo. Es muy importante hacer explícito este deseo. 

Una vez establecido un propósito y su porqué, no debemos fijarnos solamente en la meta final, es importante dividir los objetivos en subobjetivos para alcanzar nuestro propósito. Estos subapartados son más asequibles y fáciles de manejar.  Esto hace que la tarea de cumplir con un pedazo de propósito se vuelva más sencilla ya que nos marcamos pasos más factibles de realizar a corto plazo con los que irnos premiando. Si quiero aprender inglés, los pasos intermedios  podrían ser: consultar una academia, comprar el material, ir el primer día, aprender los colores principales… e ir evolucionando poco a poco hasta tener nuestro título colgado. Es importante fijarse y centrarse en lo que hay entre el inicio y la meta final, es decir, la totalidad. Solamente atender al último paso puede hacer que nos dé vértigo empezar, haciendo menos probable que la iniciemos o que nos quedemos en el camino porque parezca que no avanzamos. 

Si mi propósito es “llevar una vida saludable” (objetivo muy amplio), puedo dividir esto en 3 áreas: alimentación, ejercicio y salud mental. Haré lo mismo con estas nuevas áreas y aplicaré en cada una de ellas lo hablado en el párrafo anterior: 

  1. Alimentación: hacerme vegetariano, comer menos procesados, hacerme analíticas cada 4 meses…
  2. Ejercicio: un día de cardio a la semana (correr), dos días de musculación (uno de tren superior y otro de inferior), en el gimnasio de mi barrio con suscripción mensual por el módico precio de 19,99
  3. Salud mental: descansar del trabajo tras las 20h, acudir al psicólogo, cuidar el ocio…

¡Importante! Nuestras metas tienen que ser realistas y controlables por nosotros; no podemos ponernos gustar a la chica de nuestros sueños, que me contraten en Google, ser Henry Cavill o que encuentre la manera de acabar con la guerra en el mundo. 

¿Qué me puede venir bien?

  1. Poner énfasis en por qué queremos cambiar (poner por escrito las razones que nos llevan a plantarnos la propuesta más que cómo lo vamos a hacer y ver si en verdad queremos o no hacerla)
  2. Descomponer el propósito
  3. Premiarnos por cada paso cumplido (ej., he leído 10 minutos, es más que lo que leí ayer, ¡éxito!)
  4. Pedir ayuda / que no sea algo solitario. Comentar nuestros pasos, acompañarnos de otra persona, compartir nuestros mini logros (ej., ir al gym con un amigo)
  5. Pensar antes las consecuencias que va a tener ese propósito. Tanto recompensas como costes.   

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¿Son los loot boxes (cajas botín) una forma de juego de azar?

¿SON LOS LOOT BOXES (CAJAS BOTÍN) UNA FORMA DE JUEGO DE AZAR?

Por Carlos Serrano

Los juegos de azar son tan antiguos que han estado presentes a lo largo de la historia de la humanidad desde que se comenzaron a dar las primeras relaciones y organizaciones sociales, y siempre han ido acompañadas de una valoración positiva asociada al ocio, al placer y al disfrute, pero sobre todo, a la fortuna económica. 

Desde el nacimiento de las agrupaciones más primitivas se empezaron a dar conductas relacionadas con este tipo de diversión; evolucionando, evidentemente, en sus características físicas y psicológicas, pero persiguiendo una misma meta: la ganancia.

Durante los últimos años se ha incrementado el número de jugadores de azar en nuestro país, lo que ha supuesto por desgracia un creciente aumento de los problemas asociados a esta conducta. Estas personas, y todas las demás, se ven sometidas diariamente a la publicidad agresiva y estimulante de casas de apuestas y casinos así como a las estrategias de marketing que asocian el juego con alguna celebridad. Todo sumado a la facilidad con la hoy se accede a las plataformas digitales o casinos online.

De forma análoga al ascenso de este problema, se ha visto que ciertos videojuegos han comenzado a incorporar características de los juegos de azar  tanto en su forma física (diseños, contenido, etc) como características psicológicas que está levantando un debate sobre dónde están los límites entre uno y otros.

 Concretamente, en los últimos años han aparecido las llamadas cajas botín o, en términos anglosajones, loot boxes. Estas cajas botín son artículos que contienen los videojuegos como algo adicional al mismo y que ofrecen recompensas al jugador de forma aleatoria y que se compran con dinero real (Zendle y Cairns, 2019). 

Poniendo un ejemplo, en videojuegos de deportes como los muy conocidos “FIFA”, se puede comprar sobres (cajas botín) con dinero real en los que, de forma aleatoria, podrá tocar un jugador u otro. Evidentemente no todos los futbolistas son igual de atractivos para el jugador que compra dicho sobre, y por lo tanto algunos despiertan mayor interés que otros, y su deseo de conseguirlo será también mayor. Es decir, estos jugadores prefieren conseguir aquellos que tengan unas puntuaciones superiores o sean más conocidos o famosos; esto significa que no todos los futbolistas tienen el mismo valor, y se buscará  conseguir los mejores. Vemos aquí que, al igual que las actividades recreativas como las loterías o ruletas, hay una distinción clara del valor de los premios económicos; no es lo mismo ganar 20 euros que 200, y las conductas encaminadas a buscar el segundo serán mayores.

Por lo tanto, dado que algunos premios serán más demandados que otros, el jugador comprará estas cajas hasta dar con su recompensa. 

Esta naturaleza compartida basada en el azar de los botines ha generado

dudas sobre las similitudes entre ellos y los juegos de azar y es que parecen cumplir los mismos mecanismos de aprendizaje.

Concretamente hablamos de los programas de refuerzo que se basan en sistemas de recompensas intermitentes que se asemejan a los programas de refuerzo de razón variable que tanto predominan en los juegos de azar como en los bingos, ruletas o, principalmente, máquinas tragaperras. Estos programas se caracterizan porque el número de respuestas requerido para conseguir el refuerzo cambia de una ocasión a otra (De Vicente, 2010), lo que genera tasas de respuestas altas y estables. Pongamos por ejemplo el caso de Andrés, un hombre que cada mañana se pide un café en el bar de debajo de su casa. Andrés a la vez echa unas monedas en la máquina tragaperras del bar para recibir uno de los varios premios que sortea ésta. A veces, para recibir dicho premio (reforzador) tiene que introducir cinco monedas de un euro, otras veces echa dos y otras diez e incluso veinte monedas, y en la mayoría de ocasiones, Andrés puede meter más monedas sin conseguir el premio que deseaba, haciendo que el café le sepa aún más amargo. 

No obstante, como hemos dicho, estos programas generan una tasa alta y estable de respuestas, y por lo tanto, Andrés volverá al día siguiente, y al otro, y posiblemente al otro también… 

Ahora pongamos el ejemplo de Edu, un niño de 13 años al que le acaban de regalar por su cumpleaños un nuevo videojuego con cajas botín. Edu ansía conseguir al personaje más poderoso de todos, sin saber que la probabilidad matemática de conseguirlo es muy remota, pero igualmente empieza a comprar cajas botín para intentar hacerse con él. Al principio le tocan personajes muy poderosos (reforzador), pero luego comienza a comprar cinco cajas en las que no aparece nada destacable, al día siguiente compra diez, y sólo consigue un arma que le parece buena, pero nada más. Edu, al igual que Andrés, continúa gastando su dinero para conseguir premios superiores, pero sin saber que su poder económico (en el caso de Edu el de sus padres) va desapareciendo poco a poco. 

 La evidencia científica indica que este tipo de programas son los más resistentes a la extinción. Es decir, pese a la interrupción de la respuesta del sujeto y el estímulo reforzador  (dinero o caja botín), la conducta se mantendrá en el tiempo.

En el estudio publicado por Zendle y Cairns (2018)  se comprobó que los (jugadores de videojuegos) que participaban en juegos de azar se gastaron de media significativamente más dinero (25$/mes) que los que no participaban en estas actividades (2,5$/mes) y aquellos con un problema de juego patológico reconocido gastaron  una media superior a 300$/mes. Los autores afirmaron  que se observó una relación que para nada era trivial y postularon la idea de una posible puerta de entrada

 Con estos resultados se puede llegar a pensar que los jugadores de  juegos de azar gastan significativamente más dinero en estas cajas que la población que no participa en estas actividades. Además, también se observa que los jugadores con mayores problemas de juego (según las herramientas de evaluación que se emplearon previamente) gastan significativamente más dinero en las cajas botín que los que tienen una menor puntuación. 

Además, los resultados demuestran que aquellos jugadores que consumían más horas de videojuegos preferían jugar a juegos de azar en donde se percibiera una mayor implicación de sus habilidades personales o viesen una sensación de logro, variables estrechamente relacionadas con el desarrollo de juego patológico

Distintos autores difieren entre la función de dichas cajas botín, ya que unos postulan que pueden ser una puerta de entrada o un caldo de cultivo hacia el juego y otros sospechan que estas sirven como otra forma alternativa de juego de azar como puede ser la ruleta o el bingo ya que producen una atracción semejante pero sin una regulación legal clara que prohiba el uso a los menores de edad. 

Lo único que está claro es el evidente problema que estas suponen a día de hoy para numerosos jóvenes los cuales caen en las trampas de estas formas de entretenimiento sin conocer las consecuencias negativas que pueden tener a largo plazo. No obstante nos encontramos con limitaciones en los estudios, por lo que no se puede ofrecer conclusiones claras, pero lo único que sabemos es que la regulación de estos artículos es bastante deficitaria en nuestro país, pese a las recomendaciones de la Unión Europea para la restricción de esto. Como siempre, falta educación respecto al problema para los padres y las madres que desconocen por completo qué son estas cajas y la implicación que pueden llegar a tener en su hijo.

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Tu depresión (no es) genética

Tu depresión (no es) genética

Por Santiago Martín

Recientemente, en una sesión de evaluación, un cliente me dijo algo parecido a: “Ya sé por qué estoy deprimido, es genético. Tengo un tío que también le pasa y a mi abuela le pasó cuando era joven. He heredado la depresión de ellos.” Me sorprendió esta idea y repasé con el cliente la historia de su bajo estado de ánimo. A la vuelta de las vacaciones de verano, tras haber estado disfrutando con sus amigos de viaje, empezó a pensar en lo mal que lo iba a pasar por las restricciones sanitarias al volver a la rutina. Cuando volvió de las vacaciones dejó de hacer las cosas que disfrutaba durante la anterior cuarentena por “pereza”, y empezó a sentirse mal y desganado. Aunque intentó ver si podía hacer algo, se sentía sin ganas y ni salía con sus amigos ni realizaba actividades en su tiempo de ocio. Volvió al trabajo, y al estar triste, se puso a pensar en su estado de ánimo en vez de centrarse en el trabajo, lo cual luego le frustraba ya que había “perdido el tiempo”. Antes de acudir a terapia su vida consistía en sentirse mal y quedarse en casa esperando a que se solucionará. Hasta ahora nunca se había sentido así, comenta que en el pasado era una persona muy feliz y divertida. Repasando su historia el cliente comprendió que tenía motivos para estar deprimido más allá de que su abuela y su tío hayan padecido depresión y sea culpa de sus genes.

Las depresiones no son genéticas, los genes no se deprimen ni te obligan a estar deprimido. La lotería genética puede hacer que sea más fácil que experimentes tristeza, falta de ganas o energía o que te cueste más experimentar placer, pero ninguna de esas cosas por separado va a hacer que te deprimas. Cómo nos sentimos, pensamos, actuamos y comportamos surge de la interacción entre nosotros y el ambiente en el que estamos. Y nosotros no solo somos un montón de genes arrojados al presente, tenemos una historia de aprendizaje detrás. En un primer momento, en base a nuestro temperamento nos relacionamos de determinada manera con nuestro entorno, lo cual hace que tanto el entorno como nuestro comportamiento empiecen a modificarse, empezamos a aprender a comportarnos. Un bebé de temperamento muy sensible aprende a comportarse según cómo respondan sus padres, y sus padres aprenden a responder al niño de la misma manera. Durante los años el bebé, niño, adolescente y después adulto habrá ido adecuando su comportamiento al mundo que le rodea, de la misma forma que le mundo se ha adecuado a su comportamiento. Sus genes no son todo a la hora de explicar su proceder en el mundo, son una parte más. Una persona con unos “genes depresivos” que crezca en un entorno enriquecedor en el que se refuerce que haga cosas, aprenda, descubra y se realice, difícilmente acabará deprimido. Y de la misma manera una persona con una “genética para la felicidad” si acaba viviendo en una casa pequeña, pierde a sus amigos, no tiene dinero y su trabajo es muy desagradable, probablemente acabará deprimido. Si atendemos a la historia del sujeto vemos claramente como la depresión no es (solo) genética, y en la mayoría de los casos se explica el bajo estado de ánimo perfectamente atendiendo a sus vivencias.

Pero ¿Qué dicen los estudios?

Al revisar la bibliografía nos encontramos lo siguiente, hay un porcentaje variable (no hay mucho consenso) atribuible a la genética, aunque desconocen qué genes o cómo afectan. Cada poco tiempo se proponen nuevas hipótesis sobre cómo puede influir la genética en la depresión, pero no se acaba de encontrar nada claro al respecto (muchos genes, distintos neurotransmisores y vías, toxinas, etc.). Los nuevos avances encuentran que grupos de genes correlacionan con muchos trastornos, no hay packs genéticos de depresión, hay packs de vulnerabilidad a problemas psicológicos. Por otro lado, tenemos los estudios de neuropsicología, de cómo funciona el cerebro de la persona deprimida, pero por sí solos no dicen si el funcionamiento cerebral precede o no a la depresión, si es genético o modificado por el entorno. Como veis es algo muy complejo, pero simplificando el asunto encontramos que la heredabilidad para la depresión suele estar en un 30%, alcanzando el 40% en los estudios más generosos con la hipótesis genética. Respecto a la historia de aprendizaje esta suele explicar más del 60% de la varianza, siendo el principal factor explicativo de la depresión. Si atendemos con ojo crítico, vemos como algunos de estos estudios realizados desde el enfoque biomédico tienden a despreciar el papel del aprendizaje aun cuando en sus propios estudios se observa su primacía sobre las causas de la depresión. Nos encontramos nuevamente que desde perspectivas con complejo cientificista se defiende el dogma de la causalidad genética sobre las dificultades humanas, ignorando el papel del entorno y el aprendizaje. Además, cabría desconfiar sobre quién decide dejar fuera sistemáticamente a los psicólogos y sus modelos explicativos a la hora de realizar las investigaciones, quizás alguien que se enriquezca tratando los problemas psicológicos como enfermedades médicas. A su vez, a los medios de comunicación les encanta vendernos cada poco tiempo (y sin demasiadas pruebas) que se ha encontrado la causa genética para este o aquel problema, entre ellos la depresión. De esta manera es fácil acabar pensando que la depresión está causada por la genética.  

El objetivo de este post no es el estudio pormenorizado de la literatura al respecto, y yo no soy un experto en genética y conducta, pero los datos muestran claramente que el origen de la depresión no es genético. Es importante que la gente sepa esto, ya que si las causas son psicológicas (aprendidas) pueden tratarse en consulta y acabar solucionando el problema. Si pensamos que nuestros problemas son genéticos seguramente no hagamos mucho para solucionar el asunto o nos abandonaremos a la medicación.   

 

Artículos utilizados:

Amare, A. T., Vaez, A., Hsu, Y. H., Direk, N., Kamali, Z., Howard, D. M., … & Hartman, C. A. (2019). Bivariate genome-wide association analyses of the broad depression phenotype combined with major depressive disorder, bipolar disorder or schizophrenia reveal eight novel genetic loci for depression. Molecular psychiatry, 1-10.

Howard, D. M., Adams, M. J., Clarke, T. K., Hafferty, J. D., Gibson, J., Shirali, M., … & McIntosh, A. M. (2019). Genome-wide meta-analysis of depression identifies 102 independent variants and highlights the importance of the prefrontal brain regions. Nature neuroscience, 22(3), 343-352.      

Levinson, D. F. (2006). The genetics of depression: a review. Biological psychiatry, 60(2), 84-92.  

Mullins, N., & Lewis, C. M. (2017). Genetics of depression: progress at last. Current psychiatry reports, 19(8), 1-7.

Sullivan, P. F., Neale, M. C., & Kendler, K. S. (2000). Genetic epidemiology of major depression: review and meta-analysis. American Journal of Psychiatry, 157(10), 1552-1562.

 

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A veces me veo haciendo daño a alguien ¿Me estoy volviendo loco?

A veces me veo haciendo daño a alguien ¿Me estoy volviendo loco?

Por Carlos Serrano

No hace mucho tiempo, me encontraba con cierto amigo al cual hacía años que no veía. Estuvimos hablando de todo lo que nos había ocurrido en los últimos meses, recordando momentos y anécdotas. En un momento dado, comenzó a relatar un episodio que tuvo semanas antes de nuestra quedada; el cual,le produjo un terrible malestar que quiso compartir conmigo. Evidentemente le brindé la oportunidad de hacerlo. Mi amigo, esta vez, sin la sonrisa que tanto observé en el transcurso de la tarde me dijo “creo que quiero hacer daño a mi novia”. 

 

Cuando comenzó a relatar los hechos, me contó que se encontraba en la cocina tras desayunar con su pareja. De repente, cuando él empezó a colocar los cubiertos en la pila para luego fregarlos, le vino un pensamiento fugaz, invasivo y muy molesto cuando sostenía un cuchillo afilado. En ese pensamiento se veía así mismo clavando el cuchillo a su novia. Me contó que fue una sensación extraña aunque no era la primera vez que le pasaba. En otras ocasiones había sucedido algo parecido: a veces le venían pensamientos invasivos en los que empujaba a una persona a las vías del metro o incluso de él mismo saltando por la ventana de su casa. Esto le molestaba tanto que incluso a veces evitaba pasar detrás de una persona porque creía que podía llegar a golpearla. Este sentimiento era tan profundo y doloroso que llegó a cuestionar su estado mental, pensando que posiblemente en algún momento dado pudiese perder el control y acabar volviéndose un loco. De hecho, fue la pregunta que me hizo: “¿Me estoy volviendo loco?”.

¿Qué le ocurría a mi amigo?

A veces es muy normal tener estos pensamientos; la mayoría de personas solemos tenerlos a lo largo de nuestra vida, sobre todo en momentos de gran ansiedad o cuando nos encontramos en ciertos lugares como el metro o sosteniendo algunos objetos como un cuchillo o vemos una ventana abierta.

No obstante, para algunos, estos pueden resultar excesivamente desagradables, haciendo que eviten quedar con amigos, acudir a ciertos lugares como la cocina (donde abundan los cuchillos) o procedan al total aislamiento debido a la manera tan molesta en la que los perciben, creyendo que en algún momento pueden realmente perder el control.

 

Pero ¿por qué tenemos estos pensamientos?

Las personas estamos constantemente teniendo pensamientos espontáneos; resultan fundamentales para nosotros ya que nos ayudan a ser creativos, imaginativos y resolver problemas de nuestra vida. Pero en ocasiones a estos pensamientos repentinos les otorgamos mucha importancia o creemos que son inaceptables y que por lo tanto no deberíamos tenerlos. Aquí entra nuestra manera de responder ante el peligro, que nos genera una gran ansiedad, lo que nos lleva a querer evitarlos, controlarlos o eliminarlos. No obstante, el hecho de querer eliminar el pensamiento desagradable nos lleva a pensar en él. Recordad el pequeño juego de “no pienses en un elefante rosa”. Al decirnos esta frase, automáticamente nos imaginamos uno. Lo mismo pasa con los otros pensamientos como el de clavar un cuchillo o el de saltar por un puente cuando pasas cerca de uno. Creamos un “círculo vicioso”.

 

¿Entonces en algún momento podemos perder el control?

No, nunca. Aunque creamos que hay una mínima posibilidad, la realidad es que nunca se llevan a cabo. Pero aún así, algunas personas se lo cuestionan, y les genera miedo, pero es debido a la importancia que le dan a estos pensamientos, lo que hace que los intente evitar. Por lo tanto, el objetivo no es eliminarlos, sino darles otro significado, reducir la importancia que les damos así como la ansiedad que nos genera.

 No son síntomas psicóticos que digan que nos podemos volver locos, no son señales de que en algún momento se perderá el control, ni significa que seamos malas personas, no es nada de eso; solamente pensamientos, pensamientos y nada más. 

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Ser un trastornado o tener un problema de salud mental

¿Ser un trastornado o tener un problema de salud mental?

Por Santiago Martín

En español podemos decir tanto “dios está azul” como “dios es azul”, significando cosas completamente distintas. Sin embargo, en inglés solo puede decirse “god is blue” no pudiendo diferenciarse si la cualidad de azul es necesaria (lo es sí o sí) o accidental (puede o no serlo), si es o está. Vemos aquí cómo el lenguaje, y el uso que se hace de él, puede llevar a que interpretemos, pensemos y sintamos las cosas de maneras muy distintas

Pero ¿esto tiene algo que ver con la salud mental o solo queréis meteros con los angloparlantes?

La salud mental lleva mucho tiempo bajo la sombra del modelo médico-biologicista, el cual considera que hay una serie de trastornos, conjunto de conductas problemáticas y separadas de la normalidad, los cuales padece una persona y son parte esencial del sujeto. Es depresivo, Es un TOC, Es anoréxica, Es bulímico… Seguro que alguno habrá escuchado la frase “hace eso porque es un trastorno límite de la personalidad” o similares.

Esta concepción de los problemas de salud mental es falsa e injusta. Las personas no son un trastorno, simplemente se comportan de una manera desadaptativa o desajustada. Este comportamiento es fruto de lo que ha ido aprendiendo en relación a su medio. P. ej., a Mario cada vez que daba su opinión en su casa le regañaban sus padres, con el paso del tiempo Mario aprendió a callarse y no dar su opinión. En el momento presente Mario tiene muchas dificultades para decir lo que piensa y acude a un psicólogo desactualizado que considera que está ante una patología y que hay algo mal estructuralmente con este chico, que es un trastornado. Tras que el psicólogo diagnostique a Mario, el muchacho se acaba creyendo que hay algo malo en él y que no tendrá solución, porque Es un trastornado.

Vemos cómo esta manera de entender los problemas de salud mental es peligrosa e ilógica. Lo que le pasa a Mario es que tiene mucho miedo ante las interacciones sociales fruto de su historia de aprendizaje, no hay nada malo o defectuoso en su persona, tiene un problema, pero no es un trastornado. La mayoría de los problemas de salud mental son perfectamente explicables en base a lo que la persona ha aprendido a lo largo de su vida y cómo lo que en una ocasión servía para algo, ahora le genera malestar. Siguiendo con el ejemplo, a Mario quedarse callado con sus padres le servía para que no le regañasen, pero en el presente tiene dificultades para entablar amistades, hablar con su jefe, echarse pareja…   

Saber que uno tiene un problema y que uno no es el problema nos ayuda a ver que las dificultades tienen solución, nos hace vivir sin una culpa injusta por pensar que somos defectuosos y favorece el avance terapéutico. De la misma manera que si dios está azul puede estar rojo mañana, el que tiene un problema puede solucionarlo con trabajo y esfuerzo. Pero, si dios es azul, no puede dejar de serlo, y esto no ocurre con los problemas de salud mental. Tú, lector, serás Mario, Lucía, Álex o Sonia, pero nunca serás una depresión o un trastorno de ansiedad generalizada. 

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Problemas pareja

Problemas de pareja
Claves para solucionarlos

Por SM Psicólogos

Si a algo debería conducir el amor es al placer, sin embargo, una relación de pareja es algo muy complicado. La convivencia, la toma de decisiones conjuntas, la responsabilidad que conlleva una relación afectiva… todo lo que implica una relación de pareja sana puede deteriorarse poco a poco, desembocando en situaciones difíciles. Cuando esto sucede algunas parejas deciden separarse, otras intentan solucionarlo y algunas no saben qué hacer. En SM Psicólogos sabemos que es un proceso complicado, pero podemos ayudaros a intentar mejorar vuestra relación y tomar las decisiones y pasos convenientes. A continuación algunas de las claves que explican cómo podemos mejorar la relación de pareja:  

Las relaciones pueden cambiar: Solemos pensar que las relaciones son de una manera y no pueden cambiar, que una vez dos personas se relacionan de una manera ya no hay nada que hacer. Esto no es cierto, las relaciones y las personas cambian. No es algo sencillo, una vez hemos aprendido a relacionarnos de cierta manera nos cuesta modificarlo, nuestras reacciones suelen ser casi automáticas. Pero con el entrenamiento, la adquisición de herramientas y estrategias podemos aprender a actuar de manera más adecuada y acorde a cómo queremos que sea nuestra relación.       

La comunicación es clave: uno de los focos de conflicto en las parejas suele ser el modo de comunicarse que utilizan los miembros de la pareja cuando hablan entre ellos, sobre todo sobre ciertos temas. Aprender a transmitir nuestros deseos y opiniones de manera adecuada ayuda ampliamente a rebajar el tono emocional de las discusiones, y es algo que cualquiera puede aprender. Por otro lado, escuchar es una parte central de la comunicación, siendo empático con el otro, desde la tranquilidad, para poder entender qué necesita mi pareja y después ver qué puedo y quiero ofrecer.     

Habilidades de resolución de problemas: a la vez que las parejas consiguen expresar sus deseos y opiniones hay que empezar a poner de parte de cada uno de su parte para mejorar la relación. Esto implica tomar decisiones en conjunto y comprometerse con la decisión tomada. Para ello hay que aprender a definir los problemas, analizar sus partes, posibles soluciones, debatir y decidir; para luego llevar los pasos necesarios para mejorar la situación.   

Volver a disfrutar en pareja: No tenemos que poner el foco sólo en resolver lo problemático de la relación, también trabajamos lo positivo. Organizando poco a poco actividades conjuntas, que la pareja pueda disfrutar, para ir construyendo dinámicas de interacción constructivas entre ambos.  

Estos han sido unas claves generales, cada pareja es un mundo y requiere una intervención hecha a medida. Desde SM Psicólogos os animamos a abordar vuestros problemas de pareja con un profesional, cuanto antes se trabaje para mejorar la relación, mejor. Nuestro modelo de trabajo con parejas tiene en cuenta a ambas partes, sus objetivos y deseos. Realizamos una intervención con la que todos estemos de acuerdo y haremos lo posible para que los resultados sean los más satisfactorios para todos. Una mejor relación de pareja nos lleva a tener una vida de mucha más calidad y a disfrutar de un presente y futuro mejor.     

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Fobia social

¿Qué es la fobia social?

Por SM Psicólogos

Somos seres sociales, nos gusta hablar, rodearnos de nuestros iguales, reírnos con amigos y disfrutar de su presencia. Todo esto nos resulta muy gratificante; pasamos la mayor parte de nuestra vida relacionándonos, y en la mayoría de contextos: el trabajo, la familia, el instituto, el ocio… Pero, para algunas personas las relaciones sociales no son siempre placenteras, especialmente cuando interactúan con desconocidos, jefes, individuos con más autoridad o personas que les gustan.  

Cuando hablamos de fobia social, podemos decir que se tiene miedo a actuar de una manera que pueda ser humillante o embarazosa para nosotros; un miedo al qué dirán, al sentirse avergonzado y a la crítica. No obstante, este malestar no se presenta solo en las interacciones sociales, también se da el malestar al pensar en estas situaciones, lo que hace que evitemos las interacciones sociales.  

A veces, este miedo puede hacer que nos comportemos de forma torpe en algunas actividades sociales y sentirnos muy ansiosos cuando alguien nos mira, cuando en realidad somos competentes en esa tarea cuando no estamos con esas personas, como por ejemplo:

    • Mantener una conversación con nuestro jefe
    • Actuar delante de gente  (hacer una exposición para clase)
    • Tener una cita 
    • Expresar molestias o enfado

La fobia social lleva a las personas a aislarse, a no expresar su opinión en temas relevantes, a dejar de hacer cosas importantes por si los demás le juzgan…

En S&M Psicólogos sabemos cómo de difícil puede resultar vivir con esta ansiedad y miedo que incluso puede hacer que vivamos totalmente aislados. Por eso mismo vemos necesario realizar una intervención eficaz, por lo que utilizamos las técnicas y tratamientos que mayor eficacia han demostrado; aunque es un problema bastante desagradable, los resultados suelen ser muy beneficiosos. 

Pregúntanos cualquier duda, estamos para ayudarte.

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Fobias

¿Qué son las fobias?

Por SM Psicólogos

El miedo es una experiencia universal y común en todas las personas. Sentir miedo es útil, nos permite evitar posibles peligros y ha permitido a nuestra especie sobrevivir.

Sin embargo, el miedo se puede volver en nuestra contra, impidiendonos llevar la vida que deseamos. En estos casos hablamos de las fobias, miedos no adaptativos, que nos entorpecen en nuestro día a día.  

Sea un miedo útil o una fobia, sentimos esta emoción de distintas maneras: 

  • En nuestro cuerpo: experimentamos temblores, aumenta nuestra frecuencia cardiaca, se tensan los músculos, sudamos, cambia nuestra temperatura…
  • Nuestros pensamientos: Se centran en lo temido, en lo que nos puede hacer, en como solucionarlo.
  • En nuestras acciones: Intentamos salir de la situación que nos produce el miedo, evitamos ponernos en riesgos y en ocasiones nos quedamos paralizados. 

Pero… ¿cómo diferencio miedo de fobia?

Cuando es un miedo adaptativo, lo que sentimos y hacemos es algo que le pasaría a cualquier persona ante un peligro real y una vez se soluciona el peligro desaparece y nos permite continuar con nuestras vidas como hasta entonces. Por ejemplo: es normal que si vemos un coche que va hacia nosotros, intentemos huir; es un peligro real y respondemos de una forma normal.

No obstante, hablamos de miedo no adaptativo o FOBIA cuando nuestro miedo hacia algo  es desproporcionado (experimentamos mucho más miedo) muy continuado (el miedo dura aun cuando no estamos en la situación y lo sentimos muy habitualmente) y nos limita (dejamos de hacer cosas que queremos o debemos, evitamos ciertos lugares o eventos)

Algunos ejemplos de las fobias más frecuentes son los casos en que las personas son incapaces de montar en avión o en el ascensor, las fobias a los animales que nos hacen cambiarnos de acera si vemos uno al final de la manzana o no ir a casas donde tengan mascotas. Incluso, en algunos casos, como en la fobia a la sangre y a las inyecciones, nos puede llevar a desmayarnos.

En resumen, una fobia no es un simple miedo, es mucho más. Las personas que lo experimentan sufren mucho por ello. Es importante contar con un buen terapeuta para abordar este problema. El superar una fobia nos permitirá recuperar nuestra libertad y dejar de vivir esclavos de este miedo, y volver a realizar actividades que antes se veían limitadas. 

En S & M psicólogos  sabemos cómo de molestas pueden ser estas situaciones, por lo que ofrecemos el mejor tratamiento, el cual lo diseñamos con el paciente y lo adaptamos totalmente a sus circunstancias. Las fobias constituyen uno de los trastornos más frecuentes en la población, y sabemos qué tratamientos han demostrado su validez para superarlos.

Pregúntanos cualquier duda, estamos para ayudarte. 

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Adicciones

Adicciones: drogas, juego y videojuegos.

Por SM Psicólogos

En S&M Psicólogos entendemos que el haber llegado hasta aquí no ha tenido que ser fácil, por eso te invitamos a que continúes con nosotros durante esta breve explicación:

Sabemos que las adicciones no se viven como un problema al comienzo, sino lo contrario, al principio parece que todo es agradable y está controlado; ya sea tomando una bebida alcohólica con los compañeros del trabajo, un cigarro antes de desayunar o haciendo unas apuestas deportivas con los amigos. No obstante, a medida que se desarrolla la adicción, lo que antes nos producía placer, ahora nos trae más problemas que beneficios, ya no consumimos por placer sino por “mono”, tenemos problemas con la familia y en el trabajo, desarrollamos problemas económicos, judiciales…

Cuando el consumo de una sustancia o actividad pasa de ser agradable, puntual y controlado por uno que genera problemas en nuestro entorno, en nuestro trabajo, economía; que daña nuestras relaciones; que se realiza para quitar el malestar que se siente cuando no se consume… es cuando hablamos de adicción.

Si crees que tienes un problema de adicción queremos decirte que el hecho de estar aquí ya es un gran paso y nos gustaría animarte a seguir avanzando en esta lectura y en la búsqueda de una solución.

Adicciones a sustancias (alcohol, tabaco y otras drogas):

Cuando hablamos de una dependencia a una sustancia, nos referimos al consumo excesivo de la misma durante un tiempo prolongado aunque ésta provoque consecuencias negativas como: problemas físicos, disputas con amigos familiares, síntomas desagradables cuando no se consume (abstinencia), deterioro en nuestros pensamientos, deseos frecuentes de seguir consumiendo constantemente (craving), necesidad de aumentar la dosis de la sustancia (tolerancia), y pérdidas, económicas y del trabajo, así como de otras actividades que antes solíamos hacer a menudo. 

Normalmente la persona que consume alcohol, tabaco u otras drogas, previamente ha intentado solucionar sus problemas, algunas personas lo consiguen con sus propios recursos, pero la experiencia nos dice que rara vez los resultados son positivos durante largo tiempo. Para asegurar unos buenos resultados lo mejor es contactar con un profesional competente.   

Debido a la complejidad de los casos, adaptamos las mejores terapias a cada persona, indagando en todos los aspectos que hacen que el problema se mantenga y estudiando las mejores maneras para intervenir y obtener resultados duraderos, para garantizar que en un futuro se puedan tener habilidades suficientes como para poder solucionar los conflictos con la sustancia de forma independiente. 

Podemos poner fin a los hábitos del tabaco en poco tiempo, sin necesidad de parches o sustitutos los cuales aún no han demostrado ser plenamente seguros.

Y podemos poner fin al consumo problemático de alcohol estructurando las sesiones de manera idónea para el cliente, con técnicas que garantizan que se adquieren las habilidades necesarias para ello de manera plena.

Adicciones al juego de azar

De la misma forma que ocurre en las adicciones a alguna sustancia, encontramos problemas y síntomas propios de adicción en las personas que apuestan en competiciones deportivas, juegan a tragaperras o participan en actividades como bingos y loterías

Encontramos aquí también una terrible necesidad, esta vez por apostar, cantidades de dinero cada vez mayores (dependencia y tolerancia), sentimientos de irritabilidad o molestia si no se juega (abstinencia) así como la urgencia de recuperar el dinero que hemos perdido previamente, lo cual puede ocasionar nuestra ruina económica y pérdidas de amistades y familia. Es decir, uno puede desarrollar una adicción al juego similar a la adicción a sustancias, no hace falta una droga para desarrollar una adicción. 

En S&M Psicólogos comprendemos cómo de embarazoso puede resultar esto, pero sabemos que en estos casos una terapia a tiempo puede prevenir a la persona de consecuencias negativas muy dolorosas. Sabemos que tomar cuanto antes las medidas oportunas para poner freno a estos comportamientos es de vital importancia; escuchamos en todo el momento al paciente, animándole y acompañándolo en este duro camino hasta que consiga unas habilidades suficientes como para hacer frente al problema y solucionarlo. 

Adicciones a videojuegos y nuevas tecnologías

Las nuevas tecnologías nos ayudan en nuestra vida, nos hacen más fácil nuestras interacciones sociales, el trabajo y demás. Por otra parte, los videojuegos, cada vez mejores, son una nueva fuente de entretenimiento de los cuales podemos sacar experiencias muy enriquecedoras. Pero a veces, abusamos de ellas, haciendo que perdamos el contacto con nuestra realidad. Pasando mucho tiempo delante de las pantallas, descuidando otros aspectos importantes, disfrutando cada vez menos de lo que haces pero necesitándolo al mismo tiempo… 

Si crees que puede ser tu caso o lo es, y quieres poner medidas, contacta con nosotros. 

Contamos con las nuevas terapias para abordar el problema de la mejor manera posible.

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Depresión

¿Qué es la depresión?

Por SM Psicólogos

Todos hemos experimentado tristeza en algún momento de nuestra vida, tras la pérdida de un ser querido, un despido, discusiones… La tristeza es una emoción más que, aunque sea dolorosa, tiene un propósito y va desapareciendo con el tiempo. Sin embargo, algunas personas se ven atrapadas en ese estado emocional por mucho tiempo, experimentando un gran malestar, hablamos entonces de depresión.

La depresión suele caracterizarse por:

  • Un bajo estado de ánimo, estando triste la mayor parte del tiempo, la mayoría de los días. Cosas que antes no nos afectaban tanto, ahora resultan muy dolorosas. Que nos sintamos incapaces de dejar de llorar o que lo hagamos sin motivo aparente. 
  • Incapacidad para disfrutar: Aunque hagamos cosas que antes nos gustaban ya no experimentamos placer. Nuestra comida favorita no nos sabe bien, quedar con los amigos ya no nos satisface, aquellas canciones que nos alegraban nos parecen grises y aburridas…   
  • Pérdida de interés generalizado: Se pierden las ganas por hacer casi cualquier cosa. Suele pensarse que “lo voy a pasar mal, para qué voy a hacerlo”, en ocasiones es más confuso “simplemente no quiero hacer nada”. Llegando al punto en que no queremos ni salir de la cama en todo el día, no encontramos nada motivador en nuestra vida. 

Junto a estos grandes problemas solemos encontrar otras dificultades como problemas para dormir, pérdida de apetito, estar cansado constantemente, no poder concentrarse, tener sentimientos de culpa, miedo al futuro…

Como vemos la depresión no es un problema menor o un capricho de la persona, es un problema grave que suele ser difícil de comprender por las personas que rodean al que la padece. Es común que nuestros seres queridos intenten ayudarnos pero no sepan cómo, pudiendo generar malestar en nosotros y frustración en ellos. Cuando estamos deprimidos podemos llegar a desear nuestra propia muerte e intentar acabar con nuestra vida, creyendo que es nuestra única alternativa para dejar de sentir este dolor. 

Desde S&M Psicólogos comprendemos lo difícil que es vivir así y el dolor constante que se experimenta. Sin embargo, queremos animarte a contactar con un profesional competente que te pueda ayudar a salir de esta situación. Tu problema tiene solución, pero es posible que necesites a alguien que te acompañe en ese camino. Si sientes que necesitas ayuda no dudes en contactar con nosotros, haremos lo posible por ayudarte. Conocemos las técnicas que te permitirán recuperar una vida agradable y volver a disfrutar del mundo. 

Si en algún momento de urgencia sientes que la depresión te puede y que no quieres seguir viviendo, te animamos también a llamar al teléfono de la esperanza 717 003 717, hablar con ellos puede ayudarte a pasar ese momento tan difícil y te ayudarán a orientarte en la búsqueda de la salud y bienestar.     

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